En el dinámico entorno financiero actual, la gestión de riesgos y la optimización de oportunidades de inversión han adquirido una relevancia sin precedentes. Para entender a fondo cómo las personas y las organizaciones mitigan la incertidumbre y potencian su participación en los mercados globales, es fundamental conocer los instrumentos financieros que lo hacen posible. Entre ellos destacan los derivados, herramientas que han evolucionado desde prácticas ancestrales hasta convertirse en componentes sofisticados del sistema económico moderno. Adentrarse en el estudio de los instrumentos derivados permite comprender no solo su funcionamiento, sino también el impacto que pueden tener en las decisiones financieras, tanto a nivel personal como institucional.
¿Qué son los derivados financieros?
Los derivados son instrumentos financieros que consisten en contratos entre dos partes, mediante los cuales se pacta el intercambio de un activo en una fecha futura bajo condiciones previamente establecidas. Estos activos pueden ser acciones, bonos, divisas, tasas de interés, commodities, entre otros. Los derivados son usados con diferentes propósitos, incluyendo la cobertura de riesgo (realización de una transacción para compensar, es decir, minimizar o eliminar posibles pérdidas financieras), el apalancamiento, las especulaciones en los precios de diversos activos y también realizar arbitraje negociando la compra o venta del mismo contrato con una contraparte.
En términos sencillos, se trata de un contrato para comprar o vender un activo subyacente —según se actúe como prestamista o prestatario— a un precio previamente establecido sin depender necesariamente del valor actual de dicho activo. Aunque puedan parecer complejos o modernos, el uso de instrumentos derivados tiene raíces muy viejas. Los primeros registros de estas prácticas se remontan a la antigua Babilonia, donde ya se utilizaban contratos para gestionar riesgos asociados a la agricultura y el comercio. Incluso el filósofo griego Aristóteles los menciona en su obra “Política”, a través de un relato en el que Tales de Mileto supo anticipar una abundante cosecha de aceitunas y, gracias a ello, obtuvo un beneficio económico al hacer uso de contratos derivados mostrando que estas herramientas han sido parte de la gestión de riesgos desde tiempos remotos.
El mercado de derivados aceleró su desarrollo en la región de Holanda en el siglo XVII, específicamente en Ámsterdam, donde se comercializaban contratos sobre bulbos de tulipán durante la "tulipomanía". El interés por esta flor creció tanto que logró incorporarse al mercado bursátil de Holanda e impulsó negociaciones sobre la cantidad de bulbos y su valor.
Posteriormente, en los años 70 del siglo XX, el mercado de derivados se organizó y estructuró como un segmento del mercado financiero por tres razones:
- Un incremento en los riesgos asociados a tasa de cambio y de interés, provocado por la quiebra del sistema de Bretton Woods.
- La publicación del modelo de valoración de opciones Black y Scholes.
- Avances tecnológicos que facilitaron la obtención, análisis y transmisión de datos.
En consecuencia, creció la cantidad y valor de las operaciones, además de los instrumentos y la complejidad de las estrategias de cobertura.
¿Cómo funcionan los derivados financieros?
Los derivados están sujetos a las siguientes condiciones:
- Su valor razonable (valor a precios de mercado) fluctúa en respuesta a cambios en el nivel o precio de un activo subyacente.
- No requiere una inversión inicial neta o, en su defecto, solo exige una inversión significativamente menor a la que se necesitaría en contratos que responden de forma similar ante variaciones en las variables de mercado.
- Se liquida en una fecha futura, típicamente mayor a 72 horas.
- Están excluidas de inversiones directas dado que conllevan traspaso de riesgo.
Estos se negocian en mercados financieros, tanto estandarizados como no estandarizados, que son organismos complejos cuyo propósito es determinar los precios de los productos financieros y garantizar estabilidad de los mercados.
Los mercados estandarizados son mercados transparentes que aseguran que se lleve a cabo el intercambio entre compradores y vendedores, y se caracterizan por tener reglas, supervisión y una cámara de compensación. Las negociaciones en este mercado se llevan a cabo mediante productos estandarizados, es decir, contratos con las mismas características. Sin embargo, los mercados no estandarizados o mercados Over The Counter (OTC) son flexibles, sin reglas específicas o supervisión formal. Los contratos se pactan entre comprador y vendedor, existiendo un riesgo alto por la ausencia de revisión y seguimiento por una tercera parte.
Los derivados también pueden clasificarse por tipo de riesgo. Estos son: riesgo de divisa, riesgo de tasa de interés, riesgo de acciones, riesgo de commodities, riesgo de crédito, entre otros. Por lo tanto, su compra y venta permite a las partes transferir estos riesgos a entidades dispuestas a asumirlos y gestionarlos.
Los derivados que se cotizan en mercados organizados son los siguientes:
- Futuros: contratos donde las partes tienen por obligación comprar o vender el activo subyacente a un precio pactado en una fecha determinada.
Por ejemplo, una aerolínea acuerda comprar 1,000 barriles de petróleo a USD 85 cada uno con vencimiento en tres meses. Si al vencimiento el precio sube a USD 95, la aerolínea gana la diferencia en el mercado de futuros. Sin embargo, si el precio baja a USD 75, pierde en el contrato.
- Opciones: contratos que otorgan el derecho al comprador, más no la obligación, de comprar (call option) o vender (put option) el activo subyacente al precio pactado en una fecha determinada.
Si la empresa decide firmar un contrato de opción, esta adquiere el derecho de decidir si comprar o no el activo, en este caso el petróleo. Por lo tanto, si el precio aumenta, le conviene comprarlo. Pero si el precio disminuye, puede optar por no comprar el activo.
Los derivados que se cotizan en mercados no estandarizados o “OTC” son los siguientes:
- Swaps: contratos en los que las partes intercambian flujos de efectivo o rendimientos financieros. Regularmente se utiliza para gestionar riesgo de tasas de interés o riesgo de divisa.
Por ejemplo, una empresa con un préstamo de USD 10 millones a tasa variable (SOFR + 2%) teme que las tasas suban y aumenten sus pagos. Para protegerse, firma un swap de tasa de interés con una entidad financiera, en el que paga una tasa fija del 5% y recibe la tasa variable. Así, convierte su deuda en una de tasa fija, estabilizando sus costos financieros y reduciendo el riesgo de volatilidad en el mercado de tasas.
- Forwards: contratos donde las partes tienen por obligación comprar o vender el activo subyacente a un precio pactado en una fecha determinada. Estos contratos son muy parecidos a los contratos futuros; se diferencian en que se realiza en el mercado OTC, lo cual conlleva un riesgo implícito.
Por ejemplo, si en lugar de un swap se hubiese utilizado un forward de tasas de interés, se habría pactado una tasa fija para un préstamo que tomaría en el futuro, no para uno ya existente. Como el forward solo cubre una operación futura específica, no habría sido útil para proteger los pagos periódicos de un préstamo activo. En este caso, el swap es la herramienta adecuada para gestionar el riesgo de tasas.
Papel en la gestión de riesgo de una entidad financiera o una empresa del sector real
Los derivados financieros desempeñan un papel fundamental en la gestión de riesgos, tanto para entidades financieras como para empresas no financieras. Estos instrumentos permiten protegerse frente a la incertidumbre de los mercados, mejorar la planificación financiera y, en algunos casos, optimizar la rentabilidad ajustada al riesgo.
Las entidades de intermediación financiera, las aseguradoras y los fondos de inversión están constantemente expuestos a diversos tipos de riesgo: de mercado, de crédito, de contraparte, de liquidez, y de tasas de interés, entre otros. El uso de derivados les permite mitigar estos riesgos y estabilizar sus flujos de ingresos y egresos en un entorno cambiante.
Por ejemplo, mediante swaps de tasas de interés, una entidad que ha otorgado préstamos a tasa fija pero que capta fondos a tasa variable, puede intercambiar sus flujos para igualar los perfiles de tasa entre activos y pasivos, es decir, cubrir sus descalces. Esto reduce la exposición a pérdidas en caso de movimientos adversos en las tasas de interés.
Asimismo, los forwards de divisas permiten a las entidades cubrir sus posiciones en moneda extranjera frente a la volatilidad del mercado cambiario. Esto es especialmente útil cuando operan en economías abiertas o tienen clientes internacionales. Además, estos productos no solo son usados internamente por la entidad, sino que también son ofrecidos a clientes corporativos que desean mitigar su propio riesgo cambiario, generando oportunidades de negocio y márgenes de ganancia para la entidad financiera.
En el ámbito del riesgo de crédito, las entidades pueden utilizar derivados de crédito, como los credit default swaps (CDS), para protegerse contra el incumplimiento de un prestatario o contraparte. También pueden emplear derivados para cubrir exposiciones vinculadas a su portafolio de inversión, ajustando sus posiciones en función de sus modelos internos de gestión de riesgo.
Por otro lado, las empresas no financieras también enfrentan riesgos significativos que pueden comprometer su estabilidad operativa y sus márgenes de rentabilidad. Entre los más comunes se encuentran los riesgos de precio de insumos, tipos de cambio y tasas de interés.
Las compañías del sector agroindustrial, energético o manufacturero, por ejemplo, suelen depender de materias primas cuyos precios fluctúan constantemente en los mercados internacionales. Para protegerse contra esta volatilidad, pueden utilizar contratos de futuros o forwards de commodities, los cuales les permiten fijar con antelación el precio de compra o venta de dichos insumos, esto les da mayor certeza sobre sus costos o ingresos futuros, y les permite hacer una planificación financiera más confiable.
Las empresas exportadoras e importadoras también están expuestas al riesgo cambiario, especialmente si sus ingresos o egresos están denominados en monedas distintas a la de su contabilidad local. Mediante el uso de forwards de divisas o incluso opciones sobre divisas, estas empresas pueden fijar un tipo de cambio futuro, asegurando la estabilidad de sus flujos de caja y evitando pérdidas por devaluaciones o revaluaciones inesperadas.
Además, aquellas empresas con financiamiento bancario a tasa variable pueden emplear swaps de tasas de interés para transformarlo en deuda a tasa fija, haciendo sus pagos más previsibles y menos sensibles a la volatilidad del mercado. Esto es particularmente importante en contextos de tasas de interés crecientes o alta incertidumbre monetaria.
En conclusión, los derivados financieros son herramientas clave en la gestión integral de riesgos para afrontar la incertidumbre de los mercados. Su correcta utilización ayuda tanto a entidades financieras como no financieras a protegerse de riesgos, mejorar la planificación y alcanzar sus objetivos de estabilidad y rentabilidad, lo que resulta fundamental para mantener la competitividad y la salud financiera en entornos cambiantes.
[1] SOFR, Secured Overnight Financing Rate. Es una tasa de interés de referencia utilizada para préstamos y derivados financieros, esta refleja el costo de tomar prestado efectivo a un día con garantía de títulos del Tesoro de Estados Unidos, está se está utilizando para reemplazar la tasa LIBOR (Tasa Interbancaria de Oferta de Londres). En República Dominicana está es la tasa de referencia utilizada.